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Derecho a la defensa de la democracia



A lo largo de la historia, la democracia ha sido definida de muy diversas formas de acuerdo a cada pensador o corriente política, lo cierto es que este concepto está estrechamente vinculado al de ciudadanía debido a que sin democracia no puede haber ciudadanía según el pensamiento político de nuestro tiempo.

Una ciudadanía activa no solo espera que el Estado por fin respete e implemente los derechos universales de ciudadanía, sino que lucha por ellos, coopera con el Estado, se enfrenta políticamente con él, hace valer sus argumentos en el espacio público y busca construir alianzas con la sociedad política en la promoción de un proyecto democrático-participativo.

La ciudadanía implica la conformación de espacios públicos para el debate, la reflexión y la propuesta, de instituciones que den respuesta a los requerimientos de los ciudadanos de hoy, activos, arquitectos de los nuevas democracias, a las que dan forma y vida, no solo como sujetos de derechos, sino que se apropian de esos derechos y los ejercen a la vez que asumen sus responsabilidades ante su comunidad.

Sin la participación activa del individuo, el concepto de ciudadanía pierde su sentido original y permanece solo como identidad con el Estado, comunidad o territorio al que pertenece, de ahí la pertinencia de abordar la relación de la ciudadanía con la concepción, construcción y permanencia de la democracia y en la democracia.

La democracia como derecho humano

Los valores de libertad y respeto por los derechos humanos y el principio de celebrar elecciones periódicas  y genuinas mediante el sufragio universal son elementos esenciales de la democracia. A su vez, la democracia proporciona el medio natural para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos.

Estos valores se han incorporado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y han sido elaborados aún más en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que consagra una multitud de derechos políticos y libertades civiles en que se basan las democracias significativas.

El nexo entre democracia y derechos humanos figura en el artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y dice textualmente lo siguiente: “Todas las personas tenemos derecho a participar en el gobierno de nuestro país, bien sea formando parte de él o escogiendo libremente a las personas que deseamos que gobiernen, mediante elecciones periódicas u otro mecanismo que garantice la libertad de voto. Los deseos y la voluntad de la mayoría de las personas que vivimos en un país son la base del gobierno, el cual debe respetarlos plenamente. Todas las personas tenemos derecho a actuar y a decidir sobre cómo y hacia dónde que remos que vaya nuestro país”.

La democracia es la base del estado de derecho y condición indispensable para el ejercicio efectivo de todos los derechos humanos. Todas las personas tienen derecho a la democracia y los Estados tienen la obligación de promoverla y defenderla. La democracia contribuye al pleno disfrute de todos los DDHH (civiles, políticos, económicos, sociales y culturales) y a la igualdad de oportunidades de hombres y mujeres para participar en la vida política y pública.

Leyes universales

Los principios de la democracia, sus reglas, normas y valores están presentes en las normas internacionales de DDHH, pero dado a que pueden revertirse a perderse, Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA) han asumido la tarea de  proteger, promover y consolidar constantemente la democracia a nivel global.

Las Naciones Unidas afirma que, si bien existen normas y modelos universales y esenciales para la democracia, no hay un patrón o modelo único ni es exclusiva de ningún país o región del mundo.

En los sistemas internacionales y regionales de protección de DDHH la democracia es un sistema de relevancia universal y siempre perfectible, basada en la libre expresión de la voluntad de la población para la determinación de sus propios instrumentos políticos, económicos, sociales y culturales y su plena participación en todos los aspectos de sus vidas.

Constituida por principios y procedimientos, instituciones y procesos, mecanismos y mentalidades, leyes y su aplicación, formas de gobierno, mayorías y minorías y una sociedad civil vigorosa, diversa e independiente, algunos estándares esenciales de la democracia son:

1) La voluntad del pueblo como base de la autoridad de gobierno,

2) El acceso al poder y su ejercicio de conformidad con el estado de derecho,

3) La celebración de elecciones periódicas, libres, imparciales y justas, sin fraude e intimidación, como expresión de la soberanía del pueblo, realizadas mediante sufragio universal e igual, abiertas a múltiples partidos, por votación secreta y vigiladas por autoridades electorales independientes,

4) El derecho de los elegidos a formar gobierno, asumir sus cargos, cumplir sus mandatos y apoyar la ley, según establece la Constitución de cada país y los procedimientos legales establecidos,

5) La obligación del gobierno elegido de abstenerse de medidas extra-constitucionales y permitir la celebración de elecciones periódicas, respetar sus resultados y entregar el poder cuando finalice su mandato legal y

6) La alternancia en el poder, aún en los casos de elecciones libres, sin coacción ni fraude.

Defender la democracia es defender todos los valores anteriormente descritos.

Sin democracia no hay paz. ¡Los migrantes tienen derecho a vivir en democracia!


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